Lapso

Benito Alcón López 

“Lapso” construye una parte de la autobiografía sentimental del autor, en una tensión entre lo dicho y lo no dicho, pero insinuado. En esa distancia que nos ofrece el artista (y que quien observa acabará recubriendo con su propia memoria), se abre, se despliega y se ofrece un mundo de sutileza, profundidad, silencio y belleza.

Lo que está afuera, el paisaje y sus circunstancias, la tierra, el cielo, la luz, el viento salen del ámbito de su retina y poéticamente se incorporan en su cuerpo, creando un nuevo ser, un híbrido, un doble fantástico.

Lo que está adentro, las esquinas y rincones son acariciados por el paso del tiempo; la casa familiar se arruga, se achica, se multiplica, se desdibuja, creando un caleidoscopio que no es sino la lengua desde la que habla una memoria que ha dejado de resistirse.

Pasear por sus fotografías es recordar el álbum familiar que todos hemos deseado en algún momento convertir en collage. Fragmentar con cariño, componer y descomponer delicadamente, para crear un puzzle personal, feliz y manejable en el que poder ser el niño que termina el juego victoriosamente colocando la última pieza, ésa que faltaba: la imagen querida de nosotros mismos.

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