Facultad de Bellas Artes. Universidad de Sevilla.

 

Prometeo se nos manifestó en la cultura clásica griega como el mejor amigo de la humanidad. Con su generosidad y osadía robó a los mismos dioses el fuego sagrado aún sabiendo que –con toda probabilidad- sería castigado por Zeus ante semejante atrevimiento. Como dicen, inventó el sacrificio. Es probable que nadie mejor que él represente el rol del artista contemporáneo. El creador hoy sigue extrayendo fuego del ámbito más divino que tenemos para compartirlo con la sociedad. Una apuesta humanista, contra toda corriente, en estos días que vivimos llenos de ficción, apariencia y celebración de datos vacíos.
Algo nos hace sospechar que nuestro alumnado, en este caso de la Facultad de Bellas Artes en la Universidad de Sevilla, son jóvenes Prometeos que siguen en este sentido apostando por llevar luz a la sociedad, a pesar de la dificultad que supone desarrollar la creación ligada al ámbito profesional del arte. Aún así, eligieron para formarse una institución que ha mutado en el siglo XXI pero no olvida unas raíces que han marcado la seña de identidad de dicho centro artístico.
Por ello, no nos ha de extrañar que aquel titánico benefactor de la humanidad sea protagonista de una de las piezas seleccionadas con las que presentamos las obras de nuestro alumnado en ARTSevilla. Nos referimos a la propuesta escultórica del moderno Prometeo de Alejandro Suárez Castillo.
También, la idiosincrasia de la creación contemporánea está representada por los grupos escultóricos Tumbados sobre la arena y La tierra de mis raíces, de José Manuel López Vidal quien nos propone una nueva mirada al procedimiento clásico del barro cocido con terminado polícromo.
Otro de los protagonistas en la obras presentadas por nuestro alumnado es el espacio, como concepto. Desde su vínculo con la arquitectura y el lugar en los originales dibujos de Elías Samuel Sánchez Hurtado S/T a la visión más poética de los collages de Marta Castro Rubiano en su serie Rebuilding. El espacio, ligado a la idea del juego, se desarrolla en propuestas como la del personal Tangram de María Álvarez Romero o de un modo más conceptual con Pelican de Manuel Zapata Vázquez ya que construir la forma es construir el espacio y también el tiempo, como diría Javier Maderuelo. Sin duda, la obra Lápices de Carlos Guerrero Ponce, está inmersa en este concepto, creciendo en el tiempo y espacio. Lo más determinante de éste es que en él se generan relaciones, no digamos en el espacio cotidiano tan celebrado por Bachelard. Por ello no nos ha de extrañar que, a modo de despedida, nos invite José Antonio Domínguez al sentenciar con el título de su obra Apaga la luz cuando te vayas, a una despedida anunciada, prevista y asumida. Por desgracia, unas despedidas que a veces son obligadas, como refleja la potente serie fotográfica de Celia Sánchez Morgado en Deportación.
En la muestra que presentamos en ARTSevilla hay un dominio de técnicas clásicas, pero también una serie de propuestas conceptuales que dan forma al fuego que estos jóvenes Prometeos nos acercan. Lo que nos hace intuir que, afortunadamente, es probable que a pesar del castigo seguirán regalándonoslo. Y no nos extraña, por algo Prometeo no temió jamás ni a Zeus.

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